Mini Cooper SSu motor de 175 CV y su ligereza convierten al Mini Cooper S en un deportivo de los de antes, directo en sus reacciones y con una agilidad fuera de lo normal.

Hay veces que probar un coche resulta algo especialmente placentero para los que llevamos octanos en la sangre. El nuevo Mini Cooper S es uno de esos casos. Se trata de un coche que hará las delicias de aquéllos que no tengan dudas en la respuesta del slogan de la casa matriz BMW: “¿Te gusta conducir?”.

El pasado año el Mini se renovó con algunos cambios tanto exteriores como interiores y con una completa renovación mecánica. En este sentido las versiones Cooper disponen de cuatro posibles mecánicas, un diésel de 110CV y tres gasolina de 120, 175 y la exclusiva serie John Cooper Works con 211CV. El vehículo objeto de nuestra prueba es el Cooper S, dotado de una mecánica de 1,6 litros con turbocompresor con 175CV teóricos a 5.500 rpm y un par motor de 240Nm entre 1.600 y 5.000 rpm (con una función overboost que lo eleva a 260Nm bajo demanda del pie del conductor). Se trata por tanto de un motor potente con una elevada cifra de par motor que permite unas recuperaciones fantásticas.

Esta mecánica colocada en un Mini le proporciona unas prestaciones extraordinarias (0-100 km/h en 7,1seg) que impresionan más por la forma de obtenerlas: las primeras cuatro marchas son bastante cortas con lo que la sensación de aceleración, especialmente a partir de 2.300-2.500 RPM es sensacional, no dejando de empujar con contundencia hasta circular en 5ª velocidad (tiene seis marchas, la sexta para viajar desahogado). El sonido del motor acompaña y mucho en el feeling deportivo llegando en retenciones a escucharse la válvula de descarga del turbo con un característico sonido más propio de coches de competición. Todo esto acompañado de un consumo muy razonable, con una media real de alrededor de 8 litros, que se convierten en 12-13 en conducción rápida.

El Mini Cooper S es un coche muy deportivo, pero difícil de llevar en las curvas.

En cuanto al comportamiento, si el Mini es un coche difícil de seguir por curvas desde sus versiones más básicas, en esta aún más. Se trata de un coche muy fácil de llevar rápido y con un alto nivel de seguridad activa, que sólo nos obligará a conducirlo de verdad cuando nos propongamos explorar sus posibilidades. En este extremo, podemos optar por accionar el botón sport, que reduce el recorrido del acelerador y hace la dirección más rápida y directa. Esto le vuelve algo más nervioso de reacciones. Acelerar a fondo en marchas cortas hace trabajar al control de tracción en las curvas cerradas y las frenadas en curva provocan un inicio de reacción del tren trasero cortado de inmediato por el sistema de control de estabilidad DTC, que nos ayudará a redondear las curvas. Si queremos poner la guindilla, añadir la opción del autoblocante nos llevará a disponer de una máquina terriblemente efectiva.

En uso diario su comportamiento es todo suavidad: recupera en marchas largas, no es ruidoso a bajas vueltas y la suspensión es soportablemente dura. Sin embargo, para quien no tenga ni tan elevadas pretensiones deportivas es más recomendable la versión Cooper a secas. Con sus 120CV sin turbo ya dispone de unas excelentes prestaciones con algo más de relax. Y cuesta 5.000 euros menos. La John Cooper Works es recomendable para quien busque la máxima exclusividad, dado que el motor del S está más cercano en potencia que lo que indica la diferencia teórica (en diferentes bancos de pruebas ronda los 200 CV reales).

Sobre la carrocería, el Mini es un coche bien acabado con un completo y vistoso equipamiento, eso sí a precio Premium (23.953 euros). Como principales pegas, es un coche pequeño de espacio interior y maletero, pero está claro que nadie dudará entre un monovolumen y un Mini. Con el pintón Cooper recuperamos las sensaciones que deparaban los primeros compactos deportivos.

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